Cada vez que un científico tiene una idea brillante, tiene la opción de desarrollarla por su cuenta. Pero dado que en el mundo científico se habla un mismo idioma, existe la capacidad de trabajar en equipo (siempre y cuando haya el billete necesario, claro).Pero antes de que un científico pueda ser tomado en serio por el resto de su comunidad, debe PROBAR que sus ideas e hipótesis merecen la pena ser estudiadas. Quizá alguien pregunte, "¿Y por qué si el número de los otros científicos es mayor, no les toca a ellos probar si las hipótesis son correctas?"
¡¡Y ahí está la clave, que distingue el pensamiento científico del religioso!!
Los creyentes liberan a su líder religioso de tener que probar que "dios le ha hablado", o que "hace milagros", etc. Por eso siempre los líderes religiosos se salen con la suya. Porque los feligreses poseen un sistema de pensamiento inmaduro, que no comprende el principio del burden of proof. Lo que libra al Papa, o al Patriarca, o al pastor de marquesina, de tener que probar sus afirmaciones es el aura de autoridad. La autoridad, atribuída al mismo Dios, es la excusa que permite a los religiosos decir la locura que quieran, y ser tomados en serio.
Pero a los científicos no hay aura, ni dios, ni diablo que los salve de la carga de la prueba. Todos los científicos, desde el pequeño al grande, tienen un imperativo categórico:
Si afirmas algo, la carga de la prueba recae en tí.
Esto quiere decir que un científico puede decir lo que le de la gana. Pero si ni él, o su grupo de colaboradores, son capaces de aportar evidencias que apoyen sus afirmaciones, entonces sus plantemientos no son considerados materia científica, ni siquiera materia de discusión.
Para que una idea sea considerada idea científica, aquel que la ha propuesto debe asumir la responsabilidad de aportar las evidencias necesarias. Si Ramoncito dice que "la energía protocósmica aplicada a un paciente de sida, reduce sus niveles de radicales libres, y esto estimula su sistema inmunológico"; no le toca a Juanito, a Lola o a Jaimito probar que eso sea cierto. Quien debe probarlo es Ramoncito, y sólo Ramoncito.
Si Ramoncito no aporta pruebas para su hipótesis, NADIE en el mundo científico prestará la mínima atención a lo que dice. Le darán a sus ideas la misma validez que a Santa Claus.
Eso es lo que diferencia a un ateo-científico de un agnóstico. Me pregunto cuándo comenzarán los "agnósticos" contemporáneos a darse cuenta que no tiene sentido mantener una postura indefinida o de "mente abierta" ante ideas absurdas para las cuales no se han ofrecido pruebas. Es hora de que los agnósticos dejen de lamerle el culo a los teístas, quienes son los que en primer lugar han inventado a los dioses.
Según la lógica de los agnósticos, no sólo deberíamos ser agnósticos frente a Dios, sino también frente a los Pitufos, el monstruo verde del armario, y el fantasma de Cantinflas. ¿Qué diferencia hay entre ellos y el mono-dios del desierto bíblico? Ninguna. Todos son seres imaginarios. En todos hay carencia de evidencia. Y en el momento que nos definimos como "agnósticos" frente a ellos, estamos asumiendo posturas ante tales ideas. Y asumir posturas implica valorar, tomar en consideración algo que aun no ha ganado el mérito de ser considerado seriamente. Algo que un científico jamás haría.
(Agnóstico que me lees: Tú no propones la existencia de Dios. La proponen los teístas. Entonces pídele evidencias y pruebas a ellos. Pídelas antes de asumir la postura del "quién sabe...", o "es posible que Dios exista." Verás que no ofrecen prueba alguna, sino verborreas contradictorias basádas en escritos de la Edad de Bronce, y que no tiene sentido mantener una actitud inconclusiva frente a sus delirios.)
¿Qué ocurre luego de que el científico presenta las evidencias necesarias?
Las evidencias provienen de las observaciones y resultados de los experimentos. Luego de establecer sus hipótesis como verdaderas, el científico debe permitir a otros científicos repetir el mismo experimento en las mismas condiciones. En la comunidad científica hay un tipo de protocolo donde se trata de que los mismos experimentos sean llevados a cabo por científicos que no se conocen, de modo que los resultados no se vean afectados por elementos personales. Si los demás científicos corroboran los resultados del primero, entonces las ideas comienzan a tomar validez científica real y a repercutir. Todo conociemiento científico repercute. Pues cada nuevo descubrimiento afecta necesariamente el conocimiento que le rodea.
Lo que para un científico a veces toma años de sudor, quizá toda una vida; un religioso se lo ahorra en un minuto con un "dios me dijo..." o "X libro dice..." Qué bonito! Este es el tipo de pensamiento que fomentan los agnósticos —frecuentemente sin saberlo— cuando ponen en cuestión los productos del pensamiento defectuoso de los teístas.
Asumir el método científico es lo más cercano a estar BLINDAO de cometer errores. Pero aún así, los científicos saben que su conocimiento puede cambiar. No es porque el método está mal. Sino porque el conocimiento científico es acumulativo, y mientras más se sabe más cambian nuestras nociones sobre la naturaleza. Esta es de las virtudes qué más contrastan con los religiosos. A pesar del ego de los científicos, el método científico impone un tipo de "humildad", que los obligta a aceptar que los conocimientos que defienden hoy, mañana podrían resultar insuficientes o incluso falsos. ¿Qué religión tiene este safeguard anti-ego? Ninguna.
Esto explica por qué la religión es causante de tantos conflictos mundiales. La religión se niega a aceptar que sus principios fundamentales cambien. ("La Biblia es la palabra eterna de dios, nos dicen") De este modo, a medida que la sociedad evoluciona, surgen cuestionamientos, e intentos de adaptar la religión estática al cambio de los tiempos. Los fundamentalistas se resisten alejarse de "los fundamentos", los progresistas abogan por reinterpretaciones más modernas. Y entre medio hay toda una serie de grados. Pero el resultado es el mismo. NUNCA se ponen de acuerdo. Y los científicos, no importa qué materia discutan, tarde o temprano, sí lo logran.
Las religiones, por su propia naturaleza, son incapaces de hallar consensos. Por eso son un peligro para la especie humana. Pero por favor no caigamos en la trampa de creer que es nuestro deber batallar a las religiones. Nuestro deber, como ateos escépticos, es fomentar un nuevo tipo de pensamiento, basándonos en lo que hemos aprendido del método científico. Un pensamiento fundamentado en el consenso, la honestidad, y no en derechos divinos. El día que las personas —sin importar a qué se dedican— aprendan a pensar científicamente, las religiones caerán por sí solas.
El burden of proof, la carga de la prueba; una simple idea que aplicada desde un inicio a nuestra forma de pensar, puede hacer la diferencia entre el progreso y la auto-destrucción colectiva.