martes, 8 de abril de 2008

Las humildes comemierdas

Ayer, mientras navegaba en el internet, se me abrió una página pop que se llamaba algo así como “¿Me das tu messenger?.com” Salía la foto de una chica, y tú decidías si estaba lo suficientemente buena para darle tu messenger. También podías darle una puntuación del 1 al 10. (Luego son los mismos que critican a los concursos de belleza.)

No pude resistir la tentación y me metí un rato a ver las chicas puertorriqueñas que había ahí. Desgraciadamente, todas eran tan feas, que me llamó más la atención los comentarios que ponían sobre sí mismas. Dejando a un lado el hecho de que personas de 25 años, con bachillerato y universidad escribieran “sensicibilidad” o “hipocrecía”, lo que más resaltó fue que casi todas hacían alarde de una supuesta “humildad”. “Soy buena gente…y humilde.” “Soy candela, una bomba sexual…y humilde”. Tan FEAS, y encima humildes!? Pero qué cosa más grande, caballero!!

Dime de qué presumes, y te diré qué careces

Las descripciones de las chicas eran una verdadera ostentación de humildad. ¿Pero de dónde aprendieron esto? ¿De las telenovelas mexicanas? A veces el interés por que se les vea “humildes” es tan grande que en casos llegan a leerse joyas como: “soy humildita” (sic). Sí sí, humildita, más que humilde, “tan humilditamente insignificante e inofensiva que quiero que me miren por pena de lo poca cosa que soy.” En fin, ¿qué carajo significará tanto despliegue de “humildad”? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿No se supone que cuando te describes quieras resaltar y hacer pompa de las cosas buenas que tienes? ¿Qué hay de malo en ello? Por ejemplo, “Mi cara asusta como el cuco, pero tengo un culo riquísimo”. “Tengo una verruga en el labio inferior, pero mis tetas te harán olvidar cualquier pesadilla” O si son ya más recataditas: “Soy una chica encantadora y super simpática y guapa”. ¡¡¡Energía coño!!! Que parecería que estuvieran vendiendo servicios de limpieza del hogar, como las sirvientas de las telenovelas mexicanas “Mande señito, sí señito, como diga usted señito, soy humilde señito, humílleme señito….” ARRRGHH!!! ¿¿Qué no se dan cuenta que “humildes” eran los esclavos sumisos, sometidos y subordinados??

En las descripciones de las boricuas falta vibración, entusiasmo. Pero la verdad es que ese deseo por aparentar humilidad en realidad se trata de un deseo por evadir ser tildado de…(ta-taaaaaaaaan ):

Comemierda. La característica más generalizada del Puerto Rico moderno, del baby-boom para acá.

¿De qué trata este fenómeno? La comemierdería engloba varias características, siendo la altanería uno de ellos. El orgullo puede estar justificado o no. Generalmente se le dice comemierda al que pertenece a una escala social alta y suda pedantería y esnobismo en cada palabra que dice. Pero más interesante es el caso de los que, siendo unos muertos de hambre, se comportan como si fueran reyes de Suecia o reinas de Saba. La comemierdería trasciende escalas sociales. (Donde más abundan es en el mundo del arte.) No sé si esta condición nos surge como consuelo al coloniaje y explotación en que vivimos, donde siempre nos hemos sentido inferiores al paradigma que nos llega del americano. Eso es otro tema. Pero en fin, es un problema real, y grande.

Lo que verdaderamente me jode es que en PR la gente parece no tener la más mínima idea del significado profundo de la humildad. No estoy hablando de significados de diccionarios. En el RAE dice que es una virtud que consiste en reconocer las limitaciones propias. (Otra vez, la típica chica humillada de telenovela.) Pero para mí la verdadera humildad es todo lo contrario. Humilde es aquel que siendo superior (en lo que sea), actúa de tal modo que nunca hace sentir inferiores a los demás. El humilde de esta clase siempre se gana el aprecio de la mayoría. Los “inferiores” piensan “oye, éste tipo, pudiéndose echar el guille, pudiendo ser comemierda, mira lo buena gente que es.” Por eso a veces la humildad es un sinónimo de grandeza. Pero la humilidad esencial es algo natural, no aprendido. La humilidad se tiene o no se tiene. Al comemierda tarde o temprano se le nota la costura.

La humildad no es la virtud del pobre, del poquita cosa. ¿Qué virtud hay en que un pobre sea humilide”?! ¿Se supone que no lo sea? En este maldito mundo, a los pobres, con humilidad o sin ella, se los lleva la chingada. (Por cierto, Cristo fue el primer comemierda, cuando dijo “Yo soy Dios”!) Lo normal, lo que dicta la lógica es que una persona pobre o fea se comporte, no con humilidad, sino con sensatez, por que no tiene otra opción si es que quiere evitar hacer el ridículo. Es lo propio, lo que le toca, si quiere evitar que la sociedad se lo pase por el clavo. En cambio, la mujer rica, por ejemplo, que a pesar de sus billetes, actúa como una persona corriente, no importándole mezclarse con gente que no sea de su nivel social; la chica que está buena y no le niega la sonrisa a los feos. Esa, ESA es la verdadera humilde. Pudiendo estar clavándose a cualquier Tom Cruise o Brad Pitt de turno, vela ahí, me sonríe y me hace digno de su mirada. Qué gracia, qué grandeza!

En fin, que la humilidad no es una cualidad de la que se pueda ostentar. La humildad se despliega en el silencio. Infunde respeto y admiración. Y la persona que dice ser humilde, pronunciándolo, es una ridícula. O una boricua comemierda del net… O ambas cosas.

¡Ay, qué será de mi patria!

domingo, 6 de abril de 2008

El infierno es mejor de lo que lo pintan

Desde que son pequeños, los cristianos alrededor de todo el mundo comienzan a escuchar ciertas palabritas. Dos de ellas son el "diablo" y el "infierno". Mi madre nunca me habló de tales cosas. Pero mi abuela, menos moderna al fin, un día vino donde mí y la cagó. Y ahí empezaron mis suplicios. El diablo, el infierno, la gente mala iba para allá! ¿Yo era malo? ¿Merecía tal castigo? Como no lo sabía, rezaba todas las noches antes de dormirme y le pedía perdón a Dios por ser un niño tan y tan malote. Me aterraba imaginar que al morir iría a ese lugar siniestro de sufrimiento.

Sobre lo del fuego me enteré luego. Y más tarde descubrí que durante la Edad Media algunos cristianos imaginaban el infierno como un lugar gélido, donde literalmente te cagabas de frío en la pinga de Belcebú. Algunos católicos incluso negaban que existiera el infierno, diciendo que era un símbolo de estar apartados de Dios. Pero recientemente el Papa ex-nazi Ratzinger volvió a reactivar la susodicha doctrinita: El infierno existe, y va en serio, eh!!

Pues bien, yo soy ateo, tengo el infierno ganado. Un día blasfemé contra el Espíritu Santo, cagándome en la madre que parió a la paloma. (Pecado que, según Cristo, no tiene perdón de Dios. Y me reitero en mi blasfemia...) Así que no me queda más remedio que acostumbrarme a la idea. Estoy condenado por la eternidad. Pero para no abrumarme demasiado —siguiendo la máxima de los libritos de auto-ayuda y psicología light que tanto están de moda— decidí "sacar algo positivo de una experiencia negativa." Sí, sí...Según esta cultura psico-light, cualquier putada que te ocurra puede servirte de algo. ¿Que unos cabroncillos del barrio agarraron a tu perro y le metieron un petardo en el culo, y ahora te toca cambiarle una bolsita llena de mierda al perro cada 12 horas pq el infeliz no puede cagar propiamente? No te ofusques, no te cabrees contra la vida. Esto te hará crecer en la compasión. ¿Que te violaron a tu hija? No pasa nada... alguna lección buena podrás sacar. Y así etc etc.... Asi que si estoy condenado al infierno, lo cual es muchísimo peor, ¿no podré acaso sacar algo "positivo" al asunto?

Pues la respuesta es sí. Y es que evaluando la historia me di cuenta, que el infierno debe ser el MEJOR lugar del universo para vivir! Imagínense llegar a un sitio y encontrarse a los gigantes Da Vinci y Miguel Angel (los cuales por soltar aceite en el trasero se ganaron la entrada al Érebo). Imagínense entrar y encontrarse con Nietzsche, Feuerbach, Hume, Voltaire!!! Y no queda ahí la cosa...Veamos, en el infierno se encuentran Platón, Aristóteles...y qué me dicen de GALILEO!! Carl Sagan, Rabelais el autor más cómico del mundo! Y si sigo, pues tengo que incluir a los grandes pensadores Buda, Confucio y Lao Tse!! Pero coño, ¡si es que el infierno es un Hall of Fame!!! ¿¿A quién no le gustaría ir??

Claro, también es verdad que habrá una pandilla de hijos de puta por ahí tambien. Stalin, Hitler, Mao, unos cuantos Papas. ¿Pero qué más da? ¿Acaso no se montan los corillos según la personalidad de cada quien? Digo, ahora mismo tengo vecinos con los cuales nunca me hablo! Asi que la proximidad no implica influencia, ni siquiera malos rollos. En el infierno cada quien juega al poker con quien le da la gana.

Pero bueno, haciendo balance, me parece que en el infierno habrán muchos más de los "buenos", que de los malos. Pues si contamos a todos los seres humanos que vivieron antes de Cristo, todos los hindúes, chinos, judíos, apaches, zulus, cavernícolas, etc, pues seguro que entre tantos millones habrán muchísimos buena gente. Habrá artistas, científicos, pensadores, que sencillamente fueron a parar ahí por no haber creído en lo que a alguien se le antojó. Por no haber repetido las palabritas del Abacadrabra Hocus-Pocus de la salvación cristiana: "Creo en tí, Jesús."

Total, amigos, que si lo pensamos, el infierno es un lugar muchísimo más entretenido para pasar la eternidad, que el aburrido Cielo con sus Papas, santos, mártires y sus sotanas, y un corillo de angelitos regordetes que cantan en círculo alabanzas eternas per secula seculorum al Altísimo. "Oh cuan grande eres, oh cuan poderoso eres, Señor Dios!! Aleluya in Excelsis Deo! Qué guapo, qué magnífico, qué mono! Si te sacaras la pinga, te la chupábamos en el acto, oh Señor, Amén de los Amenes!!!" Bahh!! Qué asco!!! Yo, me quedo con el infierno, con Belcebú y mi amigo Schopenhauer, refunfuñando, ligándome una que otra culona impía, y celebrando lo rico que se siente ser condenado por ser ante todo individuo, libre y pensante.

¡Que se joda el Cielo!

sábado, 5 de abril de 2008

¿Qué se siente hacerse ateo?

Durante siglos las huestes monoteístas han inculcado en sus filas que no hay peor condición que la del ateo. Podrás ser marica, y si no enculas te salvas. Podrás ser pajero, y si no raspas te libras. Pero si eres ateo… ay, si eres ateo, no tienes perdón de Dios. Directito al infierno. Pues, ¿cómo puede ir al Cielo alguien que pone en duda la existencia del Creador? ¿Cómo podría Dios, en su divina benevolencia y misericordia comprensiva, abrir sus brazos ante tan vil criatura, que osa cuestionar las autoridades terrenales que Lo representan?

Pues bien, ya sabemos que los ateos son la escoria del mundo, y que mientras más lejos los tengamos con sus influencias racionales, mejor. Pero la duda nos pica. ¿Cómo se siente ser un condenado al infierno? ¿Que se sentirá ser un ateo? Pues yo te lo voy a decir. Porque soy uno.

El ateísmo no es una doctrina, algo que puedas aprender punto por punto. No es una religión, no tiene dioses, ni diablos, ni leyes, ni mandamientos. El ateísmo es sencillamente el estado al que una persona llega cuando deja de creer en la existencia de los dioses. Hay ateos malos, ateos cool, ateos depravados, ateos buena gente, ateos vagos, ateos trabajadores, ateos violentos, ateos pacíficos, ateos intelectuales, ateos que no les gusta que los llamen ateos, ateos que se llaman a sí mismos “agnósticos”, ateos que no saben que son ateos. Hay de todo. Pero en fin, ateos.

En mi caso personal, llegar a ese estado fue resultado de un proceso de varios años. Primero comenzaron las preguntas que nadie me podía contestar. Luego las dudas. Ver las incoherencias dentro de las autoridades religiosas. Luego descubrir los disparates y contradicciones dentro de la Biblia, el supuesto libro “más perfecto” de todos. Luego estudiar otras religiones y darme cuenta que todas repetían el mismo patrón. Poco a poco comenzaba a oler dos tufitos. El primero, a mierdita; las creencias que desde pequeño había seguido comenzaban a revelarse como excretita, caquita de borreguitos. Y por otro lado, un tufito a ateo…Sí, yo comenzaba a apestar a impío, a sin-dios. Pero de las dos pestes, preferí la segunda. Por que la primera es peste a mierda que otros te tiraron encima. Y la segunda, al menos es mi propia mierda, y con un poquito de perfume se disimula.

Hacerse ateo, como ya dije, no ocurre de la noche a la mañana. Tampoco es una euforia. Pero a medida que vas descubriendo que gran parte de las “verdades” que te enseñaron son pura bazofia de mentes enfermas que regurgitan tradiciones de tribus nómadas del desierto de la barbárica edad de bronce, vas sintiendo un “feeling” de libertad. Sientes cómo si te corrieran un programa anti-virus por el cerebro. Ves como el anti-virus, que no es otra cosa que la capacidad de razonar y la duda trabajando al unísono, va limpiando esas neuronas… Y lo ves todo irse por el retrete… Por ahí las Vírgenes! Por ahí las hostias consagradas! Por ahí los panes y los peces! Por ahí el señor don Diablo, con el que tanto miedo te pegaron! Por ahí el cielo! Por ahí el infierno! Y a medida que vas expulsando esa inmundicia, sientes placer. Y no es sólo que finalmente puedas hacerte una paja sin sentido de culpa. Es un placer distinto. Un logro del individuo. Una hazaña a la que muy pocos están destinados a alcanzar: La libertad mental plena de programaciones teístas.

Hacerse ateo se siente rico. Pero para lograrlo hay que joderse. Y comprarse un buen desodorante. Porque en esta sociedad, aunque no lo queramos, seguimos apestando en la nariz de unos cuantos; algunos que si pudieran matarnos y enviarnos a las pailas de Belcebú, no dudarían en hacerlo. Por eso no viene mal un buen roll-on. Pero lo mejor de todo es que cada vez somos más. Y algún día llegará el momento en que quienes apestarán serán ellos. Pero que no se preocupen, para ellos no tenemos señalamientos ni condenas ni hogueras. Sólo jabón, perfumito, y un par de cervezas.

domingo, 14 de octubre de 2007

La infiltración biotecnológica

Al principio algunos pensaron que el sentido común impediría que alguien pudiera patentar a un ser vivo en Estados Unidos. Pero con el tiempo, las presiones de las multinacionales que invertían sus millones en bioingeniería fueron lo suficientemente fuertes como para hacer que jueces le dieran la razón a ellos. Ahora, si alguien crea un nuevo tipo de bacteria en su laboratorio, entonces es su propiedad intelectual. Si alguien crea un nuevo tipo de maíz, igualmente será suyo. No solo eso, ahora también se puede patentar el genoma de cualquier especie, incluyendo la nuestra. De modo que hoy día, algún geneticista o empresa puede ser dueño de nuestro mapa genético, sin habernos pedido permiso.

Hasta este grado de absurdo ha llegado el capitalismo salvaje americano.

Si hay una multinacional que se caracteriza por sus fechorías siniestras, esa es la empresa agrícola y biotécnológica Monsanto. Ésta es responsable de crear hormonas de crecimiento para las ubres de vaca que producen leche que terminamos bebiendo; leche con contenidos carcinógeos. El uso de esta hormona transgénica está prohibido en la Unión Europea y muchos más países, sin embargo en EEUU ha logrado asentarse, a pesar de los daños que le causa a los animales (ubres descomunalmente grandes que impiden que las vacas siquiera puedan caminar) y el cáncer en seres humanos.

Otra aberración de Monsanto fue conseguir la patente para una variedad transgénica de maíz. El maíz, como toda semilla, se dispersa. En algunos casos la variedad de Monsanto ha cotaminado plantaciones de agricultores independientes. Monsanto ha llevado a los tribunales a esos agricultores diciéndo que cultivan un maíz patentado. Los agricultores se defienden diciendo que ellos no fueron responsables de que esas semillas llegaran a sus plantaciones. ¿Y saben lo que dictaminaron los tribunales? Que todo el maíz de variedad Monsanto le pertenece a Monsanto aunque esté en terrenos que no son suyos. De modo que o los agricultores le pagan a Monsanto, o tienen que quemar los MILLONES de granos. Esto ya ha sucedido. Así que si creíamos que las frutas y los vegetales eran un patrimonio de todos; ahora en EEUU se nos dice que no, por cojones que no. ¿Qué sucedería si un buen día todos los vegetales fueran patentados?

Monsanto le facilita la vida a esos agricultores que se quejan, pues les vende un herbicida que se llama Roundup, que cuando se aplica a los cultivos de maíz mata a todas las variedades excepto a la de Monsanto. Así vemos como una multinacional no sólo se encarga de crear una variedad nueva de vegetal, sino que se encarga de destruir todas aquellas distintas a la suya. De modo que al final TODO el vegetal de ese tipo que quede en el mundo sea "poseído intelectualmente" por ellos.

Una vez vi un programa de Penn & Teller donde se burlaban de los que criticaban la ingeniería genética en los alimentos. Yo me lo creí, pero ahora comprendo mejor las preocupaciones de Greenpeace y no me da tanta risa. El problema que representa la ingeniería genética es que antes se creía que cada propiedad física de un ser vivo era determinada por un gen específico. Ahora la ciencia ha descubierto que un solo gen puede determinar varias características físicas. De modo que, por ejemplo, si yo altero el gen del maíz para que sea más resistente a un herbicida, ese mismo gen también puede manifestar otros cambios físicos o químicos imprevisibles. Y esto quizá explica por qué gran parte del maíz transgénico no es digerible. Cada vez que comas maíz, cuando vayas a cagarlo, mira al inodoro, y no te sorprendas si vez granos enteros de maíz flotando entre tu mierda.

Pero en una cagada no queda todo. También se ha probado que ciertas frutas alteradas pueden matar a insectos (incluyendo mariposas inofensivas) que llevan miles de años comiéndolas. Es decir, ya no sólo se usa el herbicida para controlar las pestes, sino la genética misma. Pero ahora imaginemos qué ocurre con esa toxicidad una vez nos comemos la fruta. ¿Alguien oye la palabra "cancer"...? Los alimentos transgénicos, como la soya, también han mostrado crear alergias en personas que no tenían anteriormente ninguna.

Vamos, pregúntate: ¿Dejarías tu alimentación en manos del creador del agente naranja?

Penn & Teller decían que los de Greenpeace eran unos caradura, ya que los alimentos transgénicos podían alimentar a millones de personas muertas de hambre. El maíz transgénico crece rápido y mejor, así que puede alimentar a toda esa gente sin comida, dicen. (Lo que no dicen es que el maíz lo cagas entero.) Pero esto es sólo una propaganda falsa que las multinacionales han inventado para venderse. La realidad es que el hambre no se debe a una escasez de alimento. El hambre se debe a que los gobiernos de los países tercer mundistas, especialmente los de África, son corruptos, y que la mayor parte de la riqueza de esos países está dirigida a pagar la deuda con el Banco Mundial y el Fondo Monterario Internacional. Ahí está el problema.

La comida sobra, lo que no hay es ganas de acabar con la pobreza. Y no la hay porque la pobreza extrema del tercer mundo provee el equilibrio necesario para que el primer mundo pueda vivir como vive. Para que yo pueda comer aquí lo que como, mis camarones al ajillo, tener mi aire acondicionado en los veranos, conducir un carro cuando me de la gana, etc, deben haber miles de personas viviendo en la mierda equilibrando mi consumo. Los pobres deben quedarse pobres para seguir siendo explotables. Un país donde no hay comida, es un país fácil de someter, fácil para robarle sus recursos naturales, café, trigo, su comida, su oro, diamantes, o lo que sea. Pero cuando se trata de ayudarlos a vivir mejor, miramos todos para otro lado. Porque sabemos que si ellos vivieran como nosotros, se nos fundiría el mundo azucarado en que vivimos.

jueves, 11 de octubre de 2007

Sangre, sudor y videojuegos

Durante años se ha estado debatiendo sobre el efecto que pueden tener ciertos videojuegos en la conducta de los jugadores. Quizá la mayor controversia estalló después que se supiera que los dos adolescentes que llevaron a cabo la masacre en la high school de Columbine, Colorado, habían estado bien inmersos en juegos de disparar en "primera persona". Desde entonces los tiroteos dentro de escuelas y universidades americanas han aumentado, al igual que la cantidad y la afición por estos juegos. Esto no quiere decir que los videojuegos sean directamente responsables de que unos adolescentes desajustados cometan estas barbaridades, pero según el documental Blood, Sweat, and Code, poco a poco los científicos parecen estar estableciendo una relación entre ambas cosas.

Este documental explora la violencia en los videojuegos. Quizá lo más interesante es el caso de un científico que se dedicó a estudiar la actividad cerebral de personas mientras jugaban, con la idea (hipótesis) de probar que no eran más que simples juegos; actividades lúdicas inofensivas. Sin embargo, para su sorpresa, el científico descubrió algo muy preocupante. El nivel de realismo en los juegos es tal, que equivale a una simulación donde el jugador se transporta a ese mundo virtual y sufre una actividad cerebral parecida a aquella que estaría experimentando en un campo de batalla. Stress, angustia, y desarrollo de puntería.

Hace unos años un chiquillo loco americano, adicto a juegos de tiro en primera persona, consiguió una pistola, entró a la escuela, disparó ocho veces, matando justo 8 personas. Lo más increible de todo fue la precisión con que lo hizo. Todas sus víctimas murieron de un certero tiro en la cabeza. Este chico no tenía experiencia real con armas (sólo había practicado una vez). Aunque nada es concluyente, todo parece indicar que los videojuegos le ayudaron a desarrollar de cierta manera esa puntería.

Lo más desagradable de todo el documental es cuando nos presentan al ejército de los EEUU financiando videojuegos bélicos con el fin de reclutar jóvenes. Durante los últimos años el nivel de reclutas ha decendido, y el ejército está desesperado porque no cuentan con la carne de cañón necesaria. Por eso están desarrollando juegos super entretenidos, donde tenemos que viajar al Medio Oriente a cazar terroristas árabes. Sí, en esos juegos todos los malos son árabes, además fáciles de matar. Es increíble escuchar de la boca de un oficial del ejército que "Los videojuegos son el modo más eficaz de hacerle a una persona perder el miedo a la hora de matar a alguien." Y es que en estos juegos la vida no vale nada. En un minuto puedes matar 200 personas, incluso transeuntes por mero placer. ¿Qué puede significar la vida para la maquinaria armamentista detrás del ejército americano? ¿En qué pensarán los empleados mientras construyen esas bombas gigantezcas, o las ametralladoras? Es claro que la única manera en que se puede producir ese tipo de objetos manteniéndo la conciencia más o menos tranquila, es después de haberte narcotizado tragándote una ficción. Sí, como esas que al loco Bush le gusta crear, diciendo que Saddam era una amenaza real para EEUU, encendiendo un nacionalismo patriótico en base a mentiras y más mentiras.

Los niños árabes también se divierten con estos juegos, a pesar de que los americanos salen glorificados tras haber "capturado" a Bin Laden. Pero ahora los árabes adultos preocupados por esto, están creando juegos super realistas donde la misión, por ejemplo, es matar a oficiales de la policía israelí, y "salvar" a Palestina. En un momento del documental, sale el creador de uno de estos juegos, y dice "Siento una enorme satisfacción cuando veo el brillo en los ojos de esos niños descargar su ira y sentir que hacen algo por Palestina." Verdaderamente conmovedor...

Bueno aquí les dejo un link con el documental con la traducción en español castizo manchego. No sé cuánto durará, así que aprovechen.

Primera Parte:

http://tu.tv/videos/sangre-sudor-y-videojuegos-1-de-2

Segunda Parte:

http://tu.tv/videos/sangre-sudor-y-videojuegos-2-de-2

miércoles, 10 de octubre de 2007

Nuestra soledad cósmica

Los ateos muchas veces nos preguntamos por qué a tantos millones de personas les hace falta creer en Dios. La mayoría de los ateos hemos sido creyentes en algún momento de nuestras vidas. Por eso, cuando desde el ateísmo miramos atrás y vemos tanta gente con sus rituales automatizados, no entendemos cómo es posible que no se den cuenta del gran fraude que son las religiones.

Hace poco vi una entrevista entre Jonathan Miller y el filósofo Collin McGinn, ambos ateos. Se plantearon la pregunta ¿Por qué la gente cree en Dios? Y surgió un concepto muy interesante: cosmic loneliness, que significa soledad cósmica, o la soledad que siente el ser humano dentro del cosmos. Se nos hace difícil entender que estamos solos, y que a nadie "allá afuera" le importa.

McGinn explica que la conciencia humana está en esencia sellada y separada de otras conciencias. Y deseamos entrar en contacto con ellas. Pero la única manera que tenemos para conocernos los unos a lo otros es indirectamente, mediante los "síntomas" del cuerpo.

El ser humano lucha contra su esencia solitaria. El amor, el arte, la literatura, son modos de establecer contacto. Pero quizá el antídoto más eficaz contra la soledad sea Dios. Sólo pensamos en él, y ya entramos en contacto con alguien. Dios nos conoce íntimamente en la mente. Esto, según McGinn, satisface la sed de comunión con algo más allá del ser.

Qué bonito suena todo esto. Estamos sólos, pero en nuestra interioridad nos topamos con Dios, nuestro amigo fiel. Si hasta ahí llegara todo, yo no tendría nada contra la religión. Dios, un ser imaginario, un tipo de Pepe Grillo que está ahí para acompañarnos. Pero no, la religión, desgraciadamente, comienza en el momento en que una persona quiere establecer que su Dios también debe ser el mismo de los demás. Pepe Grillo debe colectivizarse. Y si no te sometes, mueres o cualquier otra variación manipuladora (no serás salvo, irás al infierno, te quemarán vivo, etc.).

Esta es la gran tragedia religiosa. Y también la ironía, pues lo que se supone que une a los pueblos, a la larga no crea más que divisiones y odios.

¡Hay que ver hasta dónde un amigo imaginario puede llegar!

Los ateos, prescindimos de todo esto. Creemos que el significado de nuestra vida debe hallarse en la vida misma, y no fuera de ella. Cada persona debe encontrar sentido a su propia vida. Y nadie debe imponerle ese sentido a nadie, pues cada ser humano es único y posee diferentes necesidades. A los ateos nos rejode la religión, pero también debemos comprender de dónde surge la necesidad de ella.

El ateo, como todo ser humano, debe luchar también día a día con esa soledad cósmica que nos oprime. Pero se diferencia de los creyentes, en que no proyecta el sentido de su existencia en un ser imaginario que le han impuesto por tradición. El ateo no posterga la felicidad para un "más allá" o un "reino" futuro. El ateo debe actuar en el ahora. Su reto es luchar por demostrar a los demás y a sí mismo que esta vida finita vale la pena ser vivida porque es suya, y es lo único que con seguridad tiene.

lunes, 1 de octubre de 2007

De cara a un eco-psicópata

Muchas veces hablamos de los grandes empresarios capitalistas como si se tratase de seres anónimos, mistificados bajo un aura malévola de poder. Pensemos en los dueños de multinacionales explotadoras como Starbucks o Walmart, y vemos a estos seres de capa negra, con cuernitos, sentados a la mesa de su congregación iluminatti, maquinando cómo hacerse con nuestros destinos y plantarnos su 666 personal, que no es otra cosa que el logo de su marca (trademark). Hacernos consumidores de por vida es su meta.

Bueno pues esto no es así. Los dueños de esas grandes compañías son gente como cualquier otra. Muchas veces no tienen ni puta idea de las barbaridades que sus goliats globalizados llevan a cabo en alta mar. Mmm... quizá desean mejor no saberlo. En fin, que hace unos días me topé con uno de estos sinvergüenzas, un explotador de madera, que se dedica a talar cuanto bosque encuentra. Y lo peor de todo es que el hijo de puta resultó ser un bonachón con sonrisa de par en par. Fue mi primer encuentro con alguien del otro lao, del lado de los rudos; mi primer meeting con un canalla de carrera.

Ustedes se preguntarán qué carajo hacía yo condeándome con gente de esa calaña. Pues todo se debe a que un amigo trabaja en el almacén-aserradero gigantezco donde la compañía del maderero cabrón guarda toda la materia prima después de traerla por barco desde diferentes puntos del planeta. Mi amigo quería mostrarme aquello, y tengo que decir que valió la pena verlo. Imagínense un almacén del tamaño de un campo de futbol, con una altura de unos 30 pies, repleto de cientos de bloques de madera de miles de variedades. No voy a mencionar para qué era tanta madera. Basta decir que todo era para un mercado especializado, así que a veces un bloquecito de madera podía costar 100 dólares. Lo que más me impresionó fue ver árboles enteros de un diámetro de como 12 pies, tumbados allí en el almacén secándose. Me puse a pensar cuántos años le habría tomado a esos árboles llegar a ese tamaño, y cuánto le había tomado a dos cabrones aserrarlo y mandarlo al suelo. Después de más de una hora recorriendo aquella fábrica, comencé a preguntarle a mi amigo sobre la política de la empresa. Mi primera pregunta fue quizá la más ingenua de todas: “¿El dueño promueve la reforestación?”

El pana mío se me rió en la cara. Y entonces comenzó a darme el perfil de su jefe. Y bueno ya todos sabemos lo que hacen los mega-capitalistas hijos de puta, a parte de comprar mansiones y contar billetes. Eso ya lo sabemos bien. Lo que quiero compartir con ustedes son los datos folclóricos que llevan a este hijo a puta a resaltar entre muchos de su especie Homo vampirum. Para empezar, el individuo va a los países tercer mundistas, y abre aserraderos por todo el mundo. Le paga una miseria a unos cuantos muertos de hambre para que le seleccionen los árboles y los corten, etc, y extorsiona a las autoridades locales con unos pocos billetes, de moda que las leyes que protegen el medioambiente quedan anuladas ipso facto. No crean que se necesita mucho dinero para extorsionar a esta gente, porque en un pueblo donde, a estas alturas del siglo XXI, la gente se mata a machetazos porque unos son “más negros” que otros, sólo hacen falta 5 pesos para comprar al alcalde y a media familia, y de paso hasta te regalan a la primita gorda que nadie quiere. Y oigan, que esto no me lo estoy inventando.

Otra característica por la cual se distingue este —permítanme la palabra— eco-psicópata es su alta cultura y erudición. Una de sus actividades más cotidianas es ponerse al día sobre qué especies de árboles están al borde del peligro de extinción. Cuando una especie entra en esa lista, las leyes internacionales la convierten en especie protegida, de modo que es casi imposible talar esos árboles y sacarlos de un país y llevarlos a otro sin que te descubran. Así, lo que el canalla hace es averiguar qué especies están a punto de entrar en la lista protegida, e intentar cortar rápidamente todo lo que pueda de esa especie, de modo que cuando se active la ley de protección el tenga en el almacén cientos de toneladas frescas de madera la madera en cuestión cotizándose a precios mil veces más altos que antes. El tipo intenta ignorar el hecho de que quienes precisamente llevan esas especies al borde de la desaparición son cabrones como él.

Pero ahí no queda todo. Ahora viene el plato fuerte. El dueño de esta maderera está bien conectado en todo el mundo. Es más, tiene a su alcance la información actualizada sobre las especies que están a punto de extinguirse. Lo sabe mejor que nadie. ¿Saben por qué? Porque este hijo de Dios también es miembro de... Greenpeace! Chúpense esa en lo que les mando la otra.

Mi amigo dice que el viejo se metió en Greenpeace para lavar su conciencia. Pero yo lo veo todo más maquiavélicamente. El cabrón está infiltrao en Greenpeace para conveniencia suya. Si una persona quiere saber cuál es el estado de peligro de la especies, Greenpeace es la organización donde debe estar. Lo trágico es saber que, en este caso, el diablo anda en casa.

Cuando terminé el tour con mi amigo, me llevó a las oficinas, y finalmente, de casualidad, me encontré cara a cara con el susodicho, el canalla de la sonrisa eterna. El tipo me saludó afectuosamente, y me preguntó si me había gustado lo que había visto.

“Sí claro, tantos árboles hermosos”, le dije.

“¿Verdad que el aroma es impresionante?”, me preguntó todo orgulloso.

“Ufff definitivamente, un aroma única...”, contesté.

“Aroma único a árboles muertos, cabronazo”, fue lo que realmente pensé. Luego nos llevó a una sala con hermosas fotografías de árboles extintos, nos invitó a un café, y nos contó anécdotas que para él eran superficialidades, sin embargo a mí me ayudaban a dibujar mejor en mi cabeza el perfil de un gran hijo de la gran puta.

Luego me fui a mi casa, me senté a escribir este artículo, y me avergoncé, pues aquel viejo iluminatti de capa negra y colmillos satánicos, había resultado ser un osito de peluche que puso patas arribas todos mis esquemas. El tipo parecía no tener ningún problema para conciliar el sueño. Y lo peor de todo era que hasta bien me había caído.