lunes, 1 de octubre de 2007

De cara a un eco-psicópata

Muchas veces hablamos de los grandes empresarios capitalistas como si se tratase de seres anónimos, mistificados bajo un aura malévola de poder. Pensemos en los dueños de multinacionales explotadoras como Starbucks o Walmart, y vemos a estos seres de capa negra, con cuernitos, sentados a la mesa de su congregación iluminatti, maquinando cómo hacerse con nuestros destinos y plantarnos su 666 personal, que no es otra cosa que el logo de su marca (trademark). Hacernos consumidores de por vida es su meta.

Bueno pues esto no es así. Los dueños de esas grandes compañías son gente como cualquier otra. Muchas veces no tienen ni puta idea de las barbaridades que sus goliats globalizados llevan a cabo en alta mar. Mmm... quizá desean mejor no saberlo. En fin, que hace unos días me topé con uno de estos sinvergüenzas, un explotador de madera, que se dedica a talar cuanto bosque encuentra. Y lo peor de todo es que el hijo de puta resultó ser un bonachón con sonrisa de par en par. Fue mi primer encuentro con alguien del otro lao, del lado de los rudos; mi primer meeting con un canalla de carrera.

Ustedes se preguntarán qué carajo hacía yo condeándome con gente de esa calaña. Pues todo se debe a que un amigo trabaja en el almacén-aserradero gigantezco donde la compañía del maderero cabrón guarda toda la materia prima después de traerla por barco desde diferentes puntos del planeta. Mi amigo quería mostrarme aquello, y tengo que decir que valió la pena verlo. Imagínense un almacén del tamaño de un campo de futbol, con una altura de unos 30 pies, repleto de cientos de bloques de madera de miles de variedades. No voy a mencionar para qué era tanta madera. Basta decir que todo era para un mercado especializado, así que a veces un bloquecito de madera podía costar 100 dólares. Lo que más me impresionó fue ver árboles enteros de un diámetro de como 12 pies, tumbados allí en el almacén secándose. Me puse a pensar cuántos años le habría tomado a esos árboles llegar a ese tamaño, y cuánto le había tomado a dos cabrones aserrarlo y mandarlo al suelo. Después de más de una hora recorriendo aquella fábrica, comencé a preguntarle a mi amigo sobre la política de la empresa. Mi primera pregunta fue quizá la más ingenua de todas: “¿El dueño promueve la reforestación?”

El pana mío se me rió en la cara. Y entonces comenzó a darme el perfil de su jefe. Y bueno ya todos sabemos lo que hacen los mega-capitalistas hijos de puta, a parte de comprar mansiones y contar billetes. Eso ya lo sabemos bien. Lo que quiero compartir con ustedes son los datos folclóricos que llevan a este hijo a puta a resaltar entre muchos de su especie Homo vampirum. Para empezar, el individuo va a los países tercer mundistas, y abre aserraderos por todo el mundo. Le paga una miseria a unos cuantos muertos de hambre para que le seleccionen los árboles y los corten, etc, y extorsiona a las autoridades locales con unos pocos billetes, de moda que las leyes que protegen el medioambiente quedan anuladas ipso facto. No crean que se necesita mucho dinero para extorsionar a esta gente, porque en un pueblo donde, a estas alturas del siglo XXI, la gente se mata a machetazos porque unos son “más negros” que otros, sólo hacen falta 5 pesos para comprar al alcalde y a media familia, y de paso hasta te regalan a la primita gorda que nadie quiere. Y oigan, que esto no me lo estoy inventando.

Otra característica por la cual se distingue este —permítanme la palabra— eco-psicópata es su alta cultura y erudición. Una de sus actividades más cotidianas es ponerse al día sobre qué especies de árboles están al borde del peligro de extinción. Cuando una especie entra en esa lista, las leyes internacionales la convierten en especie protegida, de modo que es casi imposible talar esos árboles y sacarlos de un país y llevarlos a otro sin que te descubran. Así, lo que el canalla hace es averiguar qué especies están a punto de entrar en la lista protegida, e intentar cortar rápidamente todo lo que pueda de esa especie, de modo que cuando se active la ley de protección el tenga en el almacén cientos de toneladas frescas de madera la madera en cuestión cotizándose a precios mil veces más altos que antes. El tipo intenta ignorar el hecho de que quienes precisamente llevan esas especies al borde de la desaparición son cabrones como él.

Pero ahí no queda todo. Ahora viene el plato fuerte. El dueño de esta maderera está bien conectado en todo el mundo. Es más, tiene a su alcance la información actualizada sobre las especies que están a punto de extinguirse. Lo sabe mejor que nadie. ¿Saben por qué? Porque este hijo de Dios también es miembro de... Greenpeace! Chúpense esa en lo que les mando la otra.

Mi amigo dice que el viejo se metió en Greenpeace para lavar su conciencia. Pero yo lo veo todo más maquiavélicamente. El cabrón está infiltrao en Greenpeace para conveniencia suya. Si una persona quiere saber cuál es el estado de peligro de la especies, Greenpeace es la organización donde debe estar. Lo trágico es saber que, en este caso, el diablo anda en casa.

Cuando terminé el tour con mi amigo, me llevó a las oficinas, y finalmente, de casualidad, me encontré cara a cara con el susodicho, el canalla de la sonrisa eterna. El tipo me saludó afectuosamente, y me preguntó si me había gustado lo que había visto.

“Sí claro, tantos árboles hermosos”, le dije.

“¿Verdad que el aroma es impresionante?”, me preguntó todo orgulloso.

“Ufff definitivamente, un aroma única...”, contesté.

“Aroma único a árboles muertos, cabronazo”, fue lo que realmente pensé. Luego nos llevó a una sala con hermosas fotografías de árboles extintos, nos invitó a un café, y nos contó anécdotas que para él eran superficialidades, sin embargo a mí me ayudaban a dibujar mejor en mi cabeza el perfil de un gran hijo de la gran puta.

Luego me fui a mi casa, me senté a escribir este artículo, y me avergoncé, pues aquel viejo iluminatti de capa negra y colmillos satánicos, había resultado ser un osito de peluche que puso patas arribas todos mis esquemas. El tipo parecía no tener ningún problema para conciliar el sueño. Y lo peor de todo era que hasta bien me había caído.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Johan: necesito su opino vea este link ....son 16 partes

http://www.youtube.com/watch?v=Ro2OJeYiZn0&mode=related&search=Gloria%20Polo%20Muerte%20purgatorio%20cielo%20infierno%20Dios%20morir%20perdon%20oportunidad%20pecadora%20vida%20verdad

Perla Negra dijo...

me quede boqui abierta, especialmente con lo de los arboles en peligro de extincion: "vamos a cortarlos todos Antes de que se acaben" accaso no se les pasa por la cabeza "se acaban porque los cortamos todos!!!"
es mas si no tienen concicncia ecologica, al menos que hagan las cosas por conveniencia propia, es mas si quieren que siembren arboles para despues cortarlos una y otra vez, como algunas empresas de "pinos de navidad"

no te sientas mal porque te cayese bien, que ese hombre no tenga conciencia no significa que no pueda ser simpatico.

Picazzo dijo...

No sólo es simpático, sino una persona super culta. Lo que hace todo más aberrante por la incongruencia entre su carácter y sus acciones.

Perla Negra dijo...

el significado que se le da al conocimiento es lo que definira su uso

Picazzo dijo...

Yo creo que el conocimiento que tiene lo utiliza de cierto modo para limpiar su conciencia.

princesa kaotika dijo...

Qué rabia que estemos superpoblados de cabrones como ese y, en cambio, nos estemos quedando sin maravillosas especies de flora y fauna. El mundo sucumbe por intereses sin ética y sin una pizca de razón. ¿Cómo es posible que estemos matando el único planeta que tenemos, nuestra casa, nuestro hábitat? Tan estúpidos somos que erosionaremos y arrasaremos con todo a cambio de unos cuantos billetes... con los que algún día no quedará nada qué comprar (porque la resurrección ni con mil millones de dólares se consigue).