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miércoles, 29 de agosto de 2007

Las reliquias: otra prueba de que la Iglesia miente

Llevo un par de semanas leyendo un libro que trata sobre las reliquias cristianas, El Fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo de Juan Eslava Galán. Las reliquias son cosas materiales relacionadas a Cristo y los santos. Entre ellas puede encontrarse desde ropa, sombreros, chancletas, piedras pisadas por ellos, hasta productos biológicos como pelo, sangre y leche materna. Hasta donde he leído la excepción parece ser el semen y flujo vaginal y la hez fecal; aunque los Santos Pañales del Niño Jesús sí se encuentran entre el inventario.

El asunto de las reliquias gira en torno al hecho de que se le atribuyen poderes sobrenaturales. Las reliquias, creen los católicos, de cierta manera mantienen un vínculo con el santo en cuestión, y retienen parte de su poder divino. Podemos resumir diciendo que para el Vaticano Inc. las reliquias son objetos que pueden ayudar al ser humano a fortalecer su fe, sintiéndose más cerca del santo, y pueden actuar como medios de sanación, o incluso resucitar a los muertos, como hizo la Santa Cruz descubierta por Santa Elena y San Ciriaco. Las reliquias también son objetos de culto y reciben "veneración".

Bueno hasta aquí todo queda en un asunto de puro pensamiento mágico, que no tiene mucho diferente a los fetiches de tribus de la selva amazónica o el África subsahariana. Lo que quiero llamar a la atención de todos, es que el asunto de las reliquias católicas trasciende a eso, y pasa a ser una prueba definitiva más (entre tantas) de que el Vaticano Inc. miente descaradamente a sus fieles. Quizá es la prueba más vistosa de todas, y ahí radica mi interés por ella.

San Pablo dijo una vez algo así como “Si Cristo no resucitó nuestra fe vale mierda”. La Resurrección es el eje de todo el cristianismo. Si Cristo no resucitó, la religión entera es un fraude. (jeje) Con el asunto de las reliquias, sucede algo parecido. En este caso lo que se espera de una reliquia es que, de hecho, haya estado relacionada por contacto físico al santo, y que no sea un mero objeto escogido por ahí por algún sinvergüenza. Si la reliquia no estuvo en contacto con el santo, ¿podría llamarse reliquia verdadera? No. Sería un fraude.

Pues bien, resulta que la iglesia católica alrededor de todo el mundo está en posesión de miles de miles de reliquias. Entre las más importantes se encuentran las relacionadas al mismo Jesucristo. Existen por ahí, uñas, cabellos, y hasta los dientes de leche del Salvador. (Hablando de leche, también existen gotas de la leche que María le daba cuando niño.) Pero las reliquias que más han causado revuelo son las que se vinculan a la Pasión, o sea a los momentos donde Cristo supuestamente fue torturado, crucificado y enterrado. (A los católicos siempre les ha encantado el rollito sadomasoca.) Pero sucede que cuando hacemos inventario de, por ejemplo, todas las sábanas que supuestamente envolvieron a Jesús en el Santo Sepulcro y los palos de la Cruz, obtenemos tantas yardas de tela y cantos de madera que bien podríamos hacer con ellos réplicas de las tres naves de Colón con todo y velas. Hay tantos clavos de la Cruz por ahí, que podríamos montar una ferretería. Igualmente sucede con el prepucio de Jesús que, como a todos los judíos varones, le cortaron cuando bebé. Hay tantos metros de prepucio que si los aceptáramos como verdaderos tendríamos que concluir que Cristo no sólo nació Rey de Reyes sino como Rey del Mambo.

Creo que si todas estas reliquias fueran propiedad privada de fieles católicos, entonces podríamos decir que se trata de puro folclor. Pero el hecho de que estas reliquias estén guardadas y “ostentadas” (es el verbo que usan cuando las muestran en público) en iglesias oficiales, bajo la supervisión de un obispo, es muestra de que al Vaticano Inc. no le importa la verdad tanto como su doctrina. Estas reliquias son tan importantes que a veces le dan nombre a los templos y basílicas. La pregunta es: ¿Cómo es posible que existan 20 sudarios de Cristo? ¡Al menos 19 son falsos! Sin embargo, la Iglesia sigue mostrando este tipo de cosas como si se tratara de objetos auténticos. En el pasado llegó un momento en que la Iglesia se vio tan inundada de reliquias que comenzaron a ser la mofa de los escépticos dentro de la misma Iglesia. La curia se defendió diciendo que en el caso de las reliquias no importaba tanto que fueran auténticas, sino su "valor moral" y su capacidad de acercarnos a la fe. En otras palabras, “No importa que sean falsas, lo que importa es que venden bien el cuento que contamos.”

Más tarde la Iglesia llegó a justificar la proliferación de estos objetos diciendo que sólo hacía falta que un objeto tocara un objeto originalmente tocado por el santo para que también tuviera el poder del original!! Es decir, si yo tengo una hebra de cabello de Cristo, y le pego un moco mío, puedo vender ese moco como un moco de Cristo!! Y lo más grande de todo: ¡¡¡NO HAY FRAUDE!!!

Amigo católico, ¿no es esto una prueba evidente, más allá de toda duda razonable, de que la Iglesia miente descaradamente? ¿Por qué ser cómplice de una organización así?

Pero a la Iglesia no le importa tanto ese asunto de “la verdad”. Eso se lo dejan a lo aguafiestas como los científicos. Por eso la Iglesia siempre se sale con la suya. Su propensión al auto-engaño es tal, que no importa cuantas pruebas la dejen en evidencia como una religión repleta de falsedades, siempre tendrán un as bajo la manga para salirse con la suya. En la Iglesia vale todo, menos perder. Lo mismo ocurrió cuando en 1988 sometieron el supuesto Santo Sudario de Turín a las pruebas de carbono-14. Las muestras de la Sábana se sometieron bajo las condicione que ELLOS quisieron. Esperaban con toda seguridad que los resultados reafirmaran que la Sábana era de la época de Jesús. Finalmente, seis meses más tarde, cuando los resultados comprobaron que la Sábana había sido creada en el siglo XIV, y se probó que era un fraude, los católicos defensores de la autenticidad del objeto (sindonólogos) optaron por descalificar al laboratorio y decir que habían sido sobornados por...vete a saber quién. En 1993 en una asamblea general, el presidente de los sindonólogos agarró el micrófono y pidió a los asistentes que propusieran “ideas sobre cómo la datación del radiocarbono tenía que ser errónea.” Primero quieren jugar a la ciencia. Y cuando la ciencia misma se encarga de darles las nalgadas correspondientes a cada uno, entonces hay que jugar a descalificarla.

Esto es como lo que en inglés se dice un no lose situation. Como dice Juan Eslava Galán, la Iglesia es como el pistolero más veloz del salvaje oeste. En las películas de John Wayne siempre hay un mega pistolero, pero siempre llega uno más rápido que lo vence. Así está la Iglesia siempre, al acecho, inventando una manera de salir de los aprietos, y esperando que sus fieles se hagan de la vista larga. O quizá, la vista ciega. Porque así es como están la mayoría de católicos.

Por eso, blogosferos que me leen, siempre digo que si una persona lleva dentro de sí la capacidad lógica y honestidad suficiente, no importa cuánta fe tenga, este tipo de asuntos le darán al menos un ligero tufillo a mierda. Fue así como yo, que era un religioso devoto, poco a poco, fijándome en los detallitos aquí y allá, llegué a la conclusión de que la doctrina cristiana entera se había forjado en torno a mentiras (y ahí meto todas las embustes que predican también los protestantes). Posiblemente este post no acabe con la fe de nadie, pero quizá encienda en su mente el fuego de la duda. La duda es la gran generadora de preguntas. Y las preguntas son las que nos permiten el conocimiento. Sin duda no hay conocer. Y sin conocer viviríamos como en la Edad Media, aquella era oscura cuando la religión cristiana dominaba todos los aspectos de la vida humana. Así que aquí lo tienen católicos que me leen, un buen inicio para que comiencen a dudar la doctrina que se les ha inculcado desde niños. Los invito a hacerle las preguntas pertinente al párroco local, y a seguir leyéndome.

Sigo pensando que lo que le hace falta a la gente en general es leer la misma historia de la Iglesia, para darse cuenta del gran engaño. Por eso, si lo que te interesa conocer es conocer la verdad, no pares nunca de buscarla. No aparece, se encuentra.