domingo, 26 de agosto de 2007

Teresa de Calcuta: ¿Atea de closet?

Fuente: http://www.cbsnews.com/stories/2007/08/23/eveningnews/main3199062.shtml

La Iglesia católica se jacta de muchas cosas. Poseen varios metros del Santo Prepucio de Nuestro Señor. Tienen guardados varios litros de sangre derramada en el calvario. Tienen el brazo “incorrupto” de San Vicente, (aunque más bien parece un brazo seco de momía egipcia). Pero de lo que más se vanagloria la Iglesia es del secreto de confesión. Uno puede ser un criminal, un pederasta, asesino, corrupto; pero si te confiesas con un sacerdote certificado puedes estar seguro de que tus ofensas no las conocerá nadie más que el sacerdote y Dios. Las confesiones son secretos para la tumba; nos asegura el Vaticano Inc.

Pues bien. Hay sus excepciones. En especial cuando divulgar confesiones puede ser una potencial fuente de reclutamiento de fieles y dinero. Me refiero al caso de la canonización de madre Teresa de Calcuta. Se acaba de hacer público el contenido de unas cartas privadas que les envió a amistades, y cartas de confesión. En ellas la futura santa (porque no nos queda duda que lo será), decía tener muy serias dudas sobre la existencia de Dios. La santa estuvo años en una crisis de fe, y algunos dicen que hasta dejó de rezar.

Oh, oh!! Pero miren lo que dicen los curas: ¡¡Sus dudas la hacen una mejor candidata para la santidad!! ¿Por qué? Pues esto es prueba de que la santa vivía en un tormento. Sufría y padecía, al ver que no hay Dios por ningún lado. ¡Qué rico es el tormento! Contemplad la lógica de la Santa Iglesia: Mientras más dudas tiene una persona, ¡más santa es! (Miguel de Unamuno ya hizo una buena reflexión sobre este mismo asunto en su cuento corto: San Manuel Bueno Mártir. Léanlo, para que vean cómo la Iglesia repite sus ciclos.)

¿Por qué habrá “dudado” Teresa de Calcuta? Quizá por ver que la miseria es suficiente evidencia de que es imposible que exista el Dios benévolo que la Iglesia predica. Ante la cara de la pobreza extrema, algo que ella experimentó de primera mano, quién no se pregunta ¿Dónde carajo está Dios?

Pues bien. Teresa de Calcuta dejó bien dicho que quería que todas esas cartas se quemaran después de su muerte. Hmmm, había que borrar las evidencias. Pero no contaba con que el Vaticano Inc. tenía un mejor plan: utilizar sus secretos para darle más fuerza a su negocio; aunque de paso no sólo tuvieran que violar el supuesto sacramento inquebrantable de la confesión, sino la voluntad de una de sus ovejas.

Todo para que el siglo XX no se quedara huérfano de un gran Santo… aunque el mismo fuese medio ateo. Da igual.

1 comentario:

Cecilio Ventura dijo...

No existe tal cosa como "cartas de confesión", La confesión es oral.
Y el argumento de canonización es que sus dudas la hacen más santa, ya que habla de que sus acciones
eran genuinas ya que sin tener certeza de un ser supremo continuaba realizándolas.Para poder hacer una critica certera es necesario ser objetivo y por supuesto investigar a fondo lo que se critica.