martes, 24 de julio de 2007

Cómo llegué a ser ateo (parte 1)

Sólo hace falta abrir el diccionario para darnos cuenta del nivel de desconocimiento y prejuicios que hay sobre el término "ateísmo". La culpa no es de los diccionarios. Estos sólo nos muestran el estado de conocimiento en que se encuentra la mayoría de la socidad respecto al ateísmo. Nos da una idea de lo mucho que debemos trabajar, y dar el ejemplo, para probar a una población mayormente teísta, que los ateos podemos ser grandes seres humanos, con sentido moral, y ciudadanos ejemplares.

Durante mi niñez y adolescencia fui educado dentro de la tradición religiosa católica. Siempre me consideré una persona espiritual. En mi mente surgían diariamente preguntas nuevas en cuanto a lo religioso. Pero muchas veces nadie era capaz de contestarlas. En aquel entonces entendía que la obligación de las autoridadades religiosas (los sacerdotes) era darme las respuestas que pedía. Pero cada vez que brotaba de mí una pregunta demasiado difícil, me decían que eso era "inexplicable", "incomprensible para el hombre" o un "misterio". Por algún tiempo me conformé con esa excusa, pero eso convirtió mi cabeza en una holla de presión.

Eventualmente me harté de no recibir respuestas, y comencé a buscarlas en otros lugares. Otras religiones, filosofías orientales, etc. Pero con el tiempo me volvió a ocurrir algo similar. Tenía preguntas muy difíciles que nadie me podía contestar. Esta situación se juntó al hecho de que comencé a estudiar filosofía en la universidad. En la universidad me enseñaron el concepto de pensamiento crítico, y el ver la duda como un método para alcanzar el conocimiento y evitar el error. Desde niño había oído eso del "método científico", Galileo, etc. Pero fue durante las clases de filosofía donde aprendí el verdadero sentido de esto. El método científico no tiene por que limitarse a las ciencias experimentales, también puede ser parte de nuestra forma de pensar. En la vida, constantemente aceptamos argumentos sin detenernos a pensar si estos son correctos, verdaderos o falsos. Dudar sobre algo no implica que aquello sobre lo que se duda sea falso. Dudar es una manera de conocer mejor lo que decimos "conocer". Por eso, nadie debe temer a dudar sobre sus creencias. Pues el propósito de la duda no es otro que alcanzar una certeza sobre lo que conocemos; que ya no podamos decir "Creo x cosa, por que mis papás me lo enseñaron." Por eso pienso que la duda es el nacimiento del hombre maduro.

Con los años, el estudio de las religiones me llevó a concluir que lo que se me había enseñado desde pequeño respecto a Dios, era un fraude. (Eso es materia para otro blogazo). El asunto es que una vez llegué a la conclusión de que la religión que se me había enseñado era un fraude, tenía que definir mi posición en cuanto a Dios. Durante un tiempo consideré una definición personal de Dios, luego me llamé agnóstico. Pero me di cuenta que ese Dios en el cual pensaba, no era más que un invento en mi cabeza. Me di cuenta, que vivía mi vida totalmente al margen de la religión; Dios no existía más en ella. Dios se hizo tan irrelevante, que un buen día, sin darme cuenta, desaparció. Y fue así, como comenzó el proceso por el cual fui aceptando el término maldito: ateo.

(Continúa)

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