lunes, 16 de julio de 2007

Cuando me hice adolescente


Me gusta viajar, porque cuando viajo me doy cuenta de lo ñoño que es el ser humano. Yo recuerdo que antes me burlaba de los mexicanos que cuando se iban par de semanas fuera de México, los veías contrabandeando latitas de chiles verdes. ¡Coño, si vas a viajar, es pa conocer cosas nuevas, incluyendo la comida típica de otros paises!

Pues a los boricuas nos pasa algo parecido. Cuando estamos fuera nos comienzan a escacear cosas. El Adobo Bohío, los plátanos verdes, la yuca, la yautía, el panapén (esto sí que es una joya), las quenepas. En fin, cosas cotidianas que un simple viaje vuelve artículos de lujo. Todos son indispensables para la felicidad de un boricua en la luna. Pero si hay algo que yo he extrañao sobre todas las cosas cuando he viajao es:

la MALTA INDIA.

Las bebidas de malta son todo un éxito en algunos países latinoamericanos, incluyendo Puerto Rico. Existen muchos mitos alrededor de ellas. Que si contienen alcohol, que si dan insomnino, que si le das a una mujer preñá una caliente aborta, etc. En los años de la pavera, beberte una Malta India era todo un ritual de adolescencia. Una botella de malta bien bien fría, no sólo te quitaba el calor y te daba energía (bombeando como 500 gramos de azúcar al organismo, llevándote al borde de la diabetes); también te daba carta de entrada en el bar mitzvah de los eructones.

Eructuar después, y durante, una Malta India, comenzó originalmente como parte del proceso de apreciar sus ingredientes gaseosos. El sabor de una malta, jamás estaría completa sin el contrapunto del eructo. El "eructo maltoso" contiene las claves bajas del sabor que no se aprecia en la lengua, ni en su forma líquida. Hace falta lanzar el contenido frio de la botella al estómago, y esperar que emerga de la tripa, en forma espumosa, el residuo químico gaseoso del corn syrup, para sí alcanzar el disfrute pleno. Así, el eructo surgió como herramienta de auxilio al paladar, pero pronto los jóvenes boricuas encontramos en la malta nuevos tipos de uso.

Como ya dije, las maltas no faltaban en nuestros ritos de llegada a la adolescencia. Su consumo no sólo era barato, y permitido por los adultos, sino también propiciaba una serie de duelos entre los chicos. En ellos cada uno intentaba reforzarse a sí mismo su ideal de "masculinidad", batiéndose a eructos con cuanto enemigo pudieras. El ansia de triunfo en un duelo eructil de este tipo nos obligaba a usar el ingenio, y desarrollar nuevas tácticas de combate. Así surgían toda una serie de gases, que teníamos clasificados por volumen, intensidad, tono, timbre, color, y en algunos casos olor. Algunos tragaban aire para reforzar el gas de la malta y tirarlo con más fuerza. Otros, aguantaban la respiración. La legenda urbana decía que si aguantabas dos minutos, eructabas tan duro que hasta te salía el gas por los ojos. Pero mi técnica fue una desarrollada por mí mismo: tomarme la malta entera de golpe, luego rodar por el suelo, y dar saltos como un energúmeno. La primera vez que lo hice, mis amigos pensaron que me había dado epilepsia. Pero ellos no sabían lo que tenía planeado, ni que llevaba 3 meses practicándolo. El resultado fue el eructo más brutal y apestoso jamás emitido por una garganta humana; que hasta Doña Bibí (una anciana que no salía de su casa ni pa comprar un litro de leche) se asomó al balcón y nos aplaudió.

Esa técnica me ameritó otro gran éxito. El descubrimiento de un nuevo residuo eructil: el salivón. De ahí surgieron las emisiones de los más feroces flemones. La flema creada en el proceso de batir la malta internamente, era buena materia para escupitajos. Los flemones post-malta batida eran pastosos, espumosos, color caramelo; imposibles de lanzar a lo lejos. Pero ahí radicaba su utilidad. Yo vivía en un edificio de 20 pisos. Así que nada más práctico! Los gargajos se convertían en drop-bombs capaces de reventar todo un día de carwashing. Así que después que nos tirabamos los eructos, subíamos a la azotea, y comenzaba el bombardeo de nuestros B-52s. Aquello no era escupir, sino un...."dejarlos caer", y luego reir sin parar. Bautizamos carros, bicicletas, guardias de seguridad, y una vez hasta le pegamos uno a un bebé en su carrito. Nunca supimos quién de nosotros había dado en el blanco, porque la única regla tras escupir era esconder la cabeza para que no nos atraparan. Asi que todos escupíamos juntos a la vez, de modo que no quedara en evidencia ninguno afuera con su cabeza de pendejo.

Esos eructos y flemones me ganaron la apreciación del clan. De la noche a la mañana pasé a ser "cool". Pero no me duró la gloria mucho. De tanto estar fastidiando, los dioses me castigaron con un catarro brutal. Estuve una semana missing-in-action secándome los mocos, y precisamente en esos momentos de soledad, logré descubrir una nueva materia para joder la pita... Pero eso es tema pa otro post. Ahora estoy investigando, c´omo carajo me llevo mi six pack de maltas pa mi proximo viaje, sin que los de aduana me pillen. ¿Alguna sugerencia?

3 comentarios:

Roy Batty dijo...

tengo entendido que la malta es buena para la hemoglobina

myss dijo...

tío por fa pon una advertencia pre-lectura, que eso después de comer, uno no se lo puede leer.... Soy una mujercita sensible!!!

Picazzo dijo...

jajaja sorry myss, te juro que lo pensé!

Pero así son las cosas en estos lares!

Te aviso la próxima!!